http://www.ambito.com/diario/839427-el-desafio-que-el-gasto-publico-no-mate-a-la-tasa
Versión Original:
Gasto público mata tasa de interés
Del mismo modo en que medimos y
analizamos diversos índices de precios “core”, que nos permiten tener una
noción más acabada de la tendencia de la tasa de inflación dado que excluyen
aquellos componentes cuyos precios se encuentran regulados (tarifas) y son
extremadamente volátiles (frutas y verduras), también podemos medir el gasto
público primario “core” (GPPC). Este indicador nos puede servir para analizar
cuán expansiva es la política fiscal en la actualidad, como también para tener
una idea de la sustentabilidad de la propia política fiscal en el tiempo y de la
consistencia de la política macroeconómica que está impulsando el Gobierno.
Incluyendo dentro del gasto
público primario “core” aquellas partidas sobre las cuales el Gobierno tiene un
menor grado de control, es decir, donde menos opera la discrecionalidad, el
GPPC podría construirse incluyendo salarios, jubilaciones y una porción no
menor del total de los subsidios otorgados (p.e., AUH). Este agregado
representa aproximadamente el 64% del total del gasto público primario del
Gobierno Nacional.
Ahora bien, ¿qué conclusiones
podemos extraer de la evolución reciente del gasto público primario “core”?
Primero, el GPPC experimentó una
aceleración en el margen. En efecto, el GPPC creció un 46% entre marzo de 2016
y marzo de 2015, mostrando un ritmo de expansión muy superior al observado en
el primer bimestre del corriente año (36% a/a).
Segundo, el crecimiento del GPPC
fue mayor al registrado en el gasto público primario total. En efecto, las
erogaciones totales primarias aumentaron un 39% en marzo de 2016 en términos
interanuales.
Tercero, de los dos puntos
anteriores rápidamente se puede inferir que gracias a la moderación observada
en las otras partidas presupuestarias, el incremento del gasto público primario
total no resultó mayor. En otras palabras, que debido a que no se le
transfirieron más recursos a las provincias (21% a/a nominal), a que se frenaron
las erogaciones en inversión y obra pública (11% a/a) y a que no se compró casi
nada (8% a/a, o bien, se compró mejor), el gasto público primario total no
creció más. ¿A cuánto ascenderá el crecimiento del gasto público una vez que el
Gobierno instrumente el tan anunciado y prometido plan de infraestructura e
inversión pública?
Cuarto, el ritmo de crecimiento
del gasto público observado en la actualidad, al momento, no es tan diferente
al registrado durante la gestión anterior. En efecto, las erogaciones primarias
crecieron un 34% en 2015, un 43% en 2014 y un 33% 2013.
Naturalmente, una política fiscal
de expansión del gasto público primario como la actual no luce consistente con:
(i) un escenario de mayor estabilidad macroeconómica duradero en el tiempo; y
(ii) el objetivo impuesto por el Gobierno de lograr de reducción de la tasa de
inflación al 5% a partir del 2019.
Con el reacceso al mercado
voluntario internacional de deuda que logró el Gobierno tras una renegociación
exitosa de los títulos públicos en default, es posible financiar durante un
período considerable una política fiscal de fuerte crecimiento del gasto
público y mantener al mismo tiempo una política monetaria de tasas elevadas
para lograr una reducción de la tasa de inflación.
Sin embargo, luce ingenuo creer
que la dominancia monetaria se impondrá a la dominancia fiscal en un contexto en
el cual el gasto público está creciendo a un ritmo elevado (a lo sumo
condicionará en el margen la política fiscal). Especialmente, en Argentina. El
reacceso al mercado de deuda permitirá relajar este eventual conflicto durante
un tiempo. De todos modos, impulsar una política monetaria con un objetivo
decreciente de la tasa de inflación con un gasto público creciendo a un ritmo
elevado generará dudas sobre la consistencia de la política macroeconómica y tendrá
costos en materia de credibilidad, todo lo cual importará un esfuerzo mayor en
términos de tasas de interés para el Banco Central.
Lograr una moderación sostenida
de la política fiscal de gasto público no es fácil de implementar. No solo requiere
tener una voluntad política firme y de poder alcanzar amplios consensos, sino
también de contar con la capacidad técnica para implementar las reformas
estructurales que permitan lograr un diseño macroeconómico institucional sólido
que nos ponga en un sendero de desarrollo económico sostenible.
Lamentablemente, en la historia argentina el gasto público siempre mató a la
tasa de interés. El desafío, por tanto, es inédito.
Lic. Hernán Hirsch
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